Anton Reisenegger y Sebastián Puente, insignes figuras del metal chileno con décadas de trayectoria en escena y producción, son los responsables de la música incidental de Kalkutún: Juicio a los Brujos, obra fílmica del renombrado director de cine fantástico y de terror, Jorge Olguín.
Se trata de un trabajo musical profundo y perturbador, que potencia la atmósfera oscura y sobrenatural de la cinta, conectando la tradición extrema del metal con un relato que explora el choque entre la institucionalidad estatal y las creencias ancestrales de la isla.
La mixtura de experiencias musicales de Reisenegger y Puente, forjadas en el metal extremo, aporta un entorno sonoro que sirve de nexo entre el terror ancestral y la memoria y ritos de Chiloé, tierra fértil de leyendas y mitos dentro del imaginario nacional.
Este trabajo colaborativo nace de la intención de crear una banda sonora que no sólo acompañe las imágenes, sino que actúe como un personaje más dentro del relato: una voz sonora que articule tensión, ritualidad y el choque entre la ley y las creencias populares.
“La música en la película es el alma, es quien ayuda a construir la atmósfera y por eso tenía muchas ganas que en esta película tuviera otra sensación fuera de lo común y me pareció interesante convocar a maestros del metal como Anton y Seba, con grandes trayectorias consolidadas en el estilo, músicos y productores musicales con una sensibilidad especial y que reconstruyen las atmósferas de horror con sonidos, con guitarras. Y acá el desafío junto a Carol Campos (productora del filme) fue convocarlos y que se metieran en las raíces de nuestra historia y las raíces chilotas e interpretar según su visión y estética, todo el horror que se vivió en ese momento”, señaló Jorge Olguín, director de Kalkutún: Juicio a los Brujos.
Para crear la música incidental, los compositores combinaron recursos emparentados con el metal extremo —guitarras disonantes, capas de ruido y percusiones contundentes— con texturas ambientales y elementos sonoros inspirados en la crudeza y oscuridad de la tradición chilota.
“Como cinéfilo acérrimo, siempre he querido trabajar en algo relacionado con el cine, así que cuando me contactó mi viejo amigo Jorge Olguín con la propuesta de hacer la música para su nueva película, no lo pensé dos veces. Inmediatamente llamé a Seba Puente, con quien hemos trabajado en varios proyectos recientes, por lo que conozco perfectamente su calidad como productor, ingeniero y, por supuesto, músico, y le propuse colaborar en este hermoso desafío. La película en sí, con su relato fantástico, una ambientación impecable y una cinematografía de nivel mundial, ha sido una fuente inagotable de inspiración. Todo el proceso ha sido una experiencia increíble, donde la oscuridad propia del metal se plasma de otras formas, en un proceso creativo que nos ha hecho descubrir facetas de nosotros mismos que ni siquiera sabíamos que existían. Espero que este sea sólo el primer paso en un largo camino creativo”, agregó Anton Reisenegger.
El trabajo se desarrolló en estrecha colaboración con el equipo de dirección y sonido de la película, buscando que cada motivo musical respondiera a la psicología de los personajes y a la geografía insular: la niebla, el mar y la oralidad popular se traducen en motivos recurrentes que aparecen y se transforman a lo largo del metraje. La banda sonora incluye pasajes de alta intensidad sonora y momentos de silencio ritual que subrayan la ambigüedad moral del juicio y la atmósfera sobrenatural que atraviesa la historia.
“La película de Jorge es muy inspiradora en todos los aspectos, además de poseer una producción técnica y artística de altísimo nivel, su argumento histórico y folklórico nos llevó a componer piezas musicales muy bien pensadas y auténticas, llevándonos a esferas creativas que habíamos imaginado pero aún no explorado. Nos sumergimos en jornadas de 6hrs de composición durante varias semanas, de lunes a viernes, empapándonos de toda esta temática oscura, cruda y brutal basada en hechos reales. De los años que llevo trabajando con música, ya sea componiendo, grabando y produciendo, esta experiencia ha sido especial, hermosamente distinta y espero continuar. Cuando Anton me llama para trabajar juntos, no dudé en que el director lo había convocado por su tremendo talento, entonces supe de inmediato que debía estar ahí”, concluye Sebastián Puente.
Este cruce entre la tradición del metal y la composición cinematográfica abre un espacio de experimentación donde la agresividad sonora convive con la sutileza atmosférica. Para los músicos, supone explorar la dimensión dramática de motivos que habitualmente se despliegan en el escenario y adaptar procesos de producción musical a las necesidades temporales y dramáticas del montaje fílmico. El resultado es una propuesta sonora inédita en la filmografía chilena reciente, que promete ampliar las posibilidades expresivas del metal en contextos audiovisuales.
