Lo vivido la noche del 15 de marzo en el Teatro Teletón, sin temor a exagerar, puede situarse entre los conciertos de rock más sólidos que han pasado por Santiago en lo que va del año. Y competencia no ha faltado: esa misma noche, en el Parque Estadio Nacional, se desarrollaba la segunda fecha de AC/DC. Aun así, lo exhibido por Symphony X dejó la vara alta, no solo por la precisión técnica de sus intérpretes —liderados por el virtuoso guitarrista Michael Romeo— sino también por un concepto de espectáculo sobrio y directo, minimalista en lo visual, pero intenso en lo musical.
El evento tuvo un inicio particular. El encargado de abrir la jornada fue el guitarrista colombiano Andy Adams, quien, acompañado únicamente por un power trío, desplegó un set cargado de intensidad y técnica. Adams no es un desconocido para los seguidores del metal progresivo: su carrera lo ha llevado a compartir escenarios con nombres como Angra y los propios Symphony X. Su presentación fue ganando terreno a medida que avanzaba, pero terminó de conquistar al público cuando cerró con un medley de clásicos del rock y del animé, donde apareció incluso Cha-La Head-Cha-La, provocando una reacción inmediata entre los asistentes.

Luego llegó el turno de Symphony X, que visita Chile en medio de la conmemoración de sus treinta años de trayectoria. La banda abrió con Of Sins and Shadows, suficiente para encender de inmediato a los miles de asistentes que llenaron el recinto. Desde ahí el concierto avanzó como un recorrido por distintos momentos de su discografía: Out of the Ashes, Smoke and Mirrors y Evolution (The Grand Design), esta última recibida con especial entusiasmo por el público chileno, que la coreó prácticamente completa.

Tras un breve encore, la banda regresó para cerrar con tres temas más: Without You, Dehumanized y el cierre con Set the World on Fire. Doce canciones en total, presentadas casi como una síntesis de su trayectoria.
Antes de despedirse, el grupo recordó su vínculo con el público chileno, un apoyo que —según señalaron— los ha traído al país en ocho oportunidades. También adelantaron que trabajan en nuevo material con miras a publicarlo hacia finales de 2026. El vocalista Russell Allen dejó una última frase antes de bajar del escenario, señalando que la fanaticada chilena sigue siendo, para ellos, una de las mejores del mundo.

Así concluyó una jornada marcada por el virtuosismo del metal progresivo, que dejó a la audiencia con la sensación de haber presenciado un concierto sólido y sin concesiones, y con la expectativa abierta de lo que pueda traer el circuito de recitales durante 2026.
Por: Rodrigo Rocha
Fotografías: ManuHead
